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viernes, 1 de mayo de 2015

El papel del arte en la superación de la crisis, ejemplificado en la literatura de Luis Anguita Juega


El papel del arte en la superación de la crisis, ejemplificado en la literatura de Luis Anguita.” Sin palabras ante esta crítica que ha hecho de mis libros José Membrive Membrive. Gracias por ellas, por considerar que mis libros aportan en esta sociedad en la que vivimos.

Llama la atención que la sociedad, a la hora de salir de la crisis apele en exclusiva a políticos, economistas y a la gestión de las grandes empresas, justamente los que la han planificado y los que se están aprovechando de ella, dejando al margen el sector cultural, científico y artístico. Es aceptado que en la naturaleza humana confluyen dos dimensiones con prismas distintos: la dimensión biológica, material que nos impele a resolver los problemas relacionados con la economía y la afectiva y ética que gestiona los sentimientos y el sentido de la vida.

Pues bien, la crisis actual abarca ambas dimensiones: es tanto económica como ética. Si la reforma que se demanda pertenece tanto al campo de la economía como al del ámbito afectivo por qué apelamos solo a los políticos y a los economistas.

La clave de la crisis está en la desproporcionada importancia de lo materia sobre lo afectivo a la hora de solucionar la crisis global. La prensa, los medios de comunicación nos hacen creer que la solución está en los causantes del problema y que todo se solucionaría encontrando trabajo. Nos quieren hacer creer que somos meros animales cuyo único problema reside en el estómago, que hemos venido al mundo a trabajar para que otros coman. Todos los mensajes políticos están orientados a pedirnos paciencia y confianza, que los dejemos resolver nuestros problemas.

Indudablemente la tiranía del economicismo impera de forma tan absoluta que ni siquiera nos damos cuenta de que somos sus víctimas.

Las crisis de fondo no pueden ser solucionadas por aquellos que las provocaron y que se lucran gracias a ellas. Si queremos salir de este marasmo tendremos que recurrir a lo de siempre: al arte de reinventarnos.

El arte en general y la literatura en particular aportan una mirada global que integra y armoniza el bienestar corporal con el afectivo y espiritual. Los artistas son los visionarios que captan los sueños colectivos, los temores, las ilusiones… La recuperación de la mirada global está relacionada con la recuperación del arte como elemento esencial en la vida humana. Al fin y al cabo es lo único que nos diferencia de los animales. Tomarse tan en serio nuestra dimensión afectiva como la material, es la única manera de afrontar una salida airosa del marasmo en el que nos hallamos inmersos.

Y esto es precisamente lo que plantean los personajes de las novelas de Luis Anguita: su dignificación sentimental, su derecho a sentir limpia y libremente, a vivir conforme a su vocación, a su ética. Luis baja a las profundidades del alma social y capta la raíz profunda del malestar: los personajes quieren incorporar sus derechos afectivos, su bienestar sentimental, su derecho a vivir conforme a la ética emanada del humanismo. Este es el núcleo de su lucha, el núcleo reivindicativo esencial. Tal vez sea por eso por lo que triunfa como escritor.

Ya no nos conformamos con un pesebre más o menos abastecido, queremos desarrollarnos en plenitud y esto supone un compromiso, también con quienes nos rodean. Es el compromiso del autor con la literatura, el de sus personajes con su destino, el que se traslada también a sus lectores de manera que, mientras nos sumergimos en la lectura todos somos personajes de sus novelas, cada página es un espejo en el que vemos reflejado algún sueño nuestro. Cada día parece ser una página de una de sus novelas: un reto para vivir en humilde plenitud: sin sermones ni demagogias.

Los grandes maestros no crean discípulos, sino que siembran la semilla de otros maestros. Y eso ocurre con Luis Anguita: su literatura es un medio de llegar al fondo del corazón para activar un sueño que se transmite, que vivifica, que convierte en escritores de la novela de cada día a los lectores de sus obras. Sin ser una literatura de autoayuda, sí que es una literatura vivificante, transformadora. El gran valor de Luis Anguita no es que deleite a sus lectores, no es que les produzca nudos de emoción en la garganta, el valor supremo de sus obras es el impulso inefable pero irreversible hacia la reconversión interna, hacia la potenciación de lo más noble de nuestra identidad. Luis Anguita activa como nadie lo mejor que hay en nosotros, sus lectores. Ser mejor persona, ponerse en marcha para activar nuestra dimensión afectiva y ética es el gran regalo que, humildemente, ofrece Luis Anguita a cada uno de sus innumerables lectores.”


Ojalá que mis libros puedan aportaros algunos latidos de sentimientos positivos.




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