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viernes, 5 de junio de 2015

Comparto con vosotros la crítica literaria que me ha escrito José Membrive Membrive


...nos identifiquemos hasta confundirnos con esos personajes tan cercanos y los días se nos vayan dibujando como nuevas páginas de la obra viva que Luis Anguita va escribiendo en el alma de cada lector...” Cuando un maestro y un amigo al que admiro profundamente escribe esta crítica sobre mi literatura, sólo puedo decirte gracias por tu amistad, gracias por sentir que mis libros pueden aportar en esta sociedad en que vivimos. Gracias amigo José Membrive.

El arte en general y la literatura en particular aportan una mirada global que integra y armoniza el bienestar corporal con el afectivo y espiritual. Los artistas son los visionarios que captan los sueños colectivos, los temores, las ilusiones…

La recuperación de la mirada global está relacionada con la recuperación del arte como elemento esencial en la vida humana. Al fin y al cabo es lo único que nos diferencia de los animales. Tomarse tan en serio nuestra dimensión afectiva como la material, es la única manera de afrontar una salida airosa del marasmo en el que nos hallamos inmersos.

Y esto es precisamente lo que plantean los personajes de las novelas de Luis Anguita: su dignificación sentimental, su derecho a sentir limpia y libremente, a vivir conforme a su vocación, a su ética. En dar el paso más decisivo que al ser humano le es dado tomar: constituirse en líder de su propia vida.

Luis baja a las profundidades del alma social y capta la raíz profunda del malestar: los personajes quieren incorporar sus derechos afectivos, reconquistar su continente afectivo y darle el peso que requiere, dejando de concebirse a sí mismos como meros instrumentos laborales.

Este es el núcleo del vivir y del sin vivir de sus personajes: descolgarse de la trampa del economicismo degradante.

Tal vez sea por eso por lo que triunfa como escritor.

Ellos no se conforman con un pesebre más o menos abastecido, quieren desarrollarse en plenitud y esta transformación que experimentan se traslada a quienes los rodean, de manera que se conforma un nuevo ámbito de relaciones en donde los afectos son precisamente las palancas que resucitarán, que engrandecerán a los personajes. Y ahí precisamente radica su capacidad de seducción y, al mismo tiempo, de sedición, de rebeldía.

Estaríamos hablando de una insurrección afectiva en donde lo que ahora se presenta como esencial (la economía y el número de dígitos de la cuenta corriente) pasa a ocupar un segundo plano. Y esto, a juzgar por la reacción de sus lectores, parece ser una necesidad universal en los tiempos que corren, por eso es tan común que, durante la lectura, nos identifiquemos hasta confundirnos con esos personajes tan cercanos y los días se nos vayan dibujando como nuevas páginas de la obra viva que Luis Anguita va escribiendo en el alma de cada lector.

Se trata de una revolución silenciosa, centrada en el corazón interno, cuya novedad es que está impulsada por una fuerza afectiva, creadora opuesta a la de las violentas y destructoras revoluciones al uso.

Los maestros no crean discípulos, sino que siembran la semilla de otros maestros. Y eso ocurre con Luis Anguita: solo que la sabiduría transformadora va anidando poco a poco a poco en sus lectores, sin más doctrina que el intento de vivir en plenitud.

Estamos ante una literatura que incorpora los sentimientos que nos hace vibrar, sin caer en el sentimentalismo, porque, al mismo tiempo permanece muy anclada a la realidad y al proyecto ético, coherente, de una vida acorde con la armonía y coherencia ética que, suave pero constantemente, nos exige esa voz interior, literaria, que todos llevamos dentro.

José Membrive.”








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